martes, 9 de diciembre de 2008

Luces en la noche.


Las luciérnagas danzaron para nosotros aquella noche.
Acompañaron con su brillo el ritual nocturno de los besos y las caricias.
Testigos diminutos, escurridizos, casi anónimos que destellaban luz y maravillaban tus ojos.
Nunca las habías visto.
No las conocías.
Contemplaste como un niño aquellas pequeñas lucecitas que te invitaban a jugar a la escondida... Agudizaste tus sentidos y estuviste atento a cada resplandor, para no perderte el más mínimo detalle de aquel maravilloso espectáculo de estrellas vivientes, que bajaron hasta aquí para enseñarte su misterioso secreto: el de la luz hecha vida, el de la vida hecha luz...
Pequeños seres fantásticos, como hadas luminosas, explosiones de luz, soles terrenales que brillaron en aquella noche y te transportaron a su mágico mundo, a jugar su juego inocente...
Y ahí estabas vos, tratando de descubrir su escondite, y ellas escabulléndose de tu mirada...
Y ahí estaba yo, viéndote jugar a la escondida.
Te transformaste en una luciérnaga más.
Me iluminaste con tu luz.
Me llenaste de vida.

4 comentarios:

Penelope dijo...

Que hermoso!

Café (con tostadas) dijo...

Hermoso.

"Y ahí estaba yo, viéndote jugar a la escondida"

Simplemente hermoso!

noctambuleando dijo...

Te amo. No me alcanzan las palabras para expresarlo. ¡¡Gracias por hacerme tan feliz!!

Fausto dijo...

No son esas cosas pequeñas las que dan sabor a la vida... Percatarnos y y disfrutarlas si lo es :P